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sábado, 2 de abril de 2022

"Malvinas es un crimen"

 Por Silvana Melo

  (APe).- Un día antes de la rendición de los generales en Malvinas, una indolente Argentina jugaba el partido inaugural del Mundial 82 en España. A casi 12 mil kilómetros del frío brutal, de la sangre de los pibes de la periferia de este mundo enrojeciendo de vergüenza esa nieve ajena. Tan lejos de la piel de los correntinos y de los chaqueños, cuarteada por el hielo y el hambre, tan acostumbrada a cuartearse esa piel con el sol de ese norte. Tan castigada por el frío quemante, la ropa escasa y la comida guardada opíparamente para los militares.

Ese 13 de junio, cuando el fútbol funcional a los genocidas jugó aunque en los talones del país había guerra y los pibes lacerados quedaban anónimos y desangrados en las trincheras o pensaban en volver vaya a saber cómo y para qué y para quiénes a ese mundo que ya no sería el suyo.

Ese 13 de junio Diego Maradona tenía 21 años. Y no estaba en Puerto Stanley. Estaba en Barcelona.

Ese 13 de junio faltaban horas para la rendición de los generales. Y estaban los pibes, los que hacía dos meses no habían visto un arma en su vida ni soñaban con verla. Y ahora soportaban el peso en el hombro de un fusil automático con el que había que defenderse de quién sabe quién en el medio mismo de la nada. Esos, los arrastrados a una guerra que no era suya, que no era nuestra. Ahí estaban, estaqueados y torturados por robarse la mermelada de los tenientes y de los coroneles.

Mientras tanto, ese 13 de junio Argentina campeona del 78 dictatorial diseminaba nacionalismo para coronar el mundial malvinero.


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jueves, 23 de enero de 2020

"Velas en el viento"

Por Silvana Melo

(APe).- El crimen de Fernando es un crimen de poder. Matar a un chico paraguayo, amigo de quien derramó el vino sobre el poderoso es reafirmar el poder. Tanto como revalidar la propiedad de una mujer definitivamente con la muerte. Es demostrar la mayor extensión fálica en una escena pública. Es decir yo soy capaz, matarlo y limpiarse la sangre en el jean camino a casa. Es una ratificación de clase. Soy más hombre, más fuerte y te someto. El pie sobre la cabeza es sojuzgar pero también inmolar. Eran once de 20 y él era uno. De 19. No fue pelea. Fue masacre.
Pero estaba ella. Virginia. De 17. Que los vio estragarlo e irse. Dejarlo hecho un trapito sanguinolento con la gente –sí, ese genérico impersonal- que miraba sin ver ni hacer. Hasta que vino la ambulancia le practicó RCP. Lo había aprendido en la escuela. Quiso soplarle la vida que se le iba. Atraparla en el aire y ponérsela en el cuerpo otra vez. Y lo logró durante 35 minutos. Hasta que él se fue en la caja de la ambulancia, hacia la muerte hospitalaria.
Pero también estaba ella. Tatiana. De 17. Escondida detrás de una puerta. Paralizada por el horror. Community manager del boliche. De ese mundo adulto en el que nadie se hizo cargo de la violencia ni de la muerte. Ese mundo del que ella reniega ahora. Ella que vio. Matalo que vos podés. Escuchó. Vio cuando le pegaban la útima patada en la cabeza y ya estaba inerte. Vio cómo nadie lo evitaba. Los vio irse babeándose como lobos. Limpiándose la sangre en las camisas. Los vio y contó.
Ellos estaban saciados. Feroces y hombres. Superiores. Iniciados. Con el prestigio de los nudillos lastimados.
Ellas tienen 17. Ellas son la desesperación por detener la vida que se va, atraparla en el aire y traerla hacia un cuerpo roto. Ellas son la verdad rescatada del campo de batalla. De la calle maldita que se devora a los más débiles.
Ellas son las únicas esquirlas de la esperanza.
Velas en el viento.

sábado, 18 de enero de 2020

"El siniestro inquilino"


Por Alfredo Grande
(APe).- Gobernar es alquilar un poco. Rara mezcla de administrador, locador, recaudador, encubridor de conflicto de intereses y tráfico de influencias, maquillador de todos los robos para la corona y otros delitos para otras coronas, chirolita del imperialismo ventrílocuo, siempre a dios rogando y con el gatillo fácil dando, fabricante de auto
préstamos con dinero ajeno para acumular patrimonio propio. Y otras cosas que a estas horas y a estos años me olvido. Olvido que no es neutral porque los recuerdos me hacen mal.
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